Homeless una forma de vivir

Sin techo, sintiendo calor y frío, viendo como cae la lluvia, y siempre bajo las estrellas. Viviendo.

martes, octubre 10, 2006

Un respiro

El día ha comenzado cansado, 5 horas de sueño, unas cervezas y unos cuantos cigarrillos lo han garantizado.
He llegado al trabajo, y he centrado mis pensamientos sólo en las cosas que tenía que hacer, para evitar pensar en nada más. A las nueve de la mañana varias ventanas saltan saludandome, y pidiendo conversación. Dicen que sonreir te sirve para estar contento, ya que los que te ven se sienten bien, y sonríen, y su bienestar se contagia. Eso lo practico al máximo. Largas conversaciones sobre un viaje y nerviosismo generalizado sumado a las cosas que tenía que hacer en el trabajo, hacían que mi estrés aumentase. Conclusión viaje mañana a las tres de la tarde, felicidad colectiva. Hoy había quedado para ir a Alcorcón, al otro lado de Madrid para ver unas chaquetas, matricularme, y me proponen hacer un cambio de aceite al coche, que buena falta le hace. Ahora además, una maleta.
Porqué no dejar algo para la semana que viene, nos preguntaremos todos, porque cuando llegue de viaje el domingo, por la noche, al día siguiente tendré que ir a trabajar, y luego empiezo las clases, como dicen los apocalipticos, hasta junio, y no podre hacer nada.
De manera que salgo a las dos del mediodía, corriendo y pensando en las cosas del curro, llego a casa y me llaman por telefono vociferando, preguntando que hago que no estoy ya de camino. Explico que no me puedo multiplicar y que tardaria 15 minutos más en llegar. Meto los papeles de la matricula, importante no olvidar ninguno, ya que no puedo volver a por nada. Llego al lugar de encuentro y me comunica que esta comiendo en la facultad, llego y le veo comer durante 20 min. Nos vamos a cambiar el aceite al coche, 40 min mas tarde de lo estimado, a mi compañero tardan 20 minutos y a mi 50. Las cinco y veinte de la tarde (habiendo quedado para ir a Alcorcon a las 16.30). Tenemos que echar gasolina al coche y mi compañero (único conocedor del lugar) me lleva a una gasolinera que me desvía del unico camino que conozco. Ahí nos separamos, y termino a 30 minutos de que me cierren la secretaría de la facultad, en carretera que no se donde estoy ni hacia donde ir.
Entre tanto el chaval que había más o menos quedado me llama, yo no pudiendo hacer nada le estimo a que hora podemos vernos, y el me dice que habíamos quedado, mis nervios a flor de piel.
Consigo llegar a la secretaría y entregar la matricula a cinco minutos de su cierre. Llamando a mi dejado amigo, diciendo que se iba a casa. Con sentimiento de culpa, asumo su decisión. Voy para casa, dandome cuenta que tengo que hacer la maleta y notando como una especie de costipado-gripe se acerca.
Y aquí estoy, dandome un respiro, ya que todavía me esperan, más aventuras.
Tengo que hacer menos cosas, y ver donde están los límites.

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